Hace 4 años atrás, Fleur de Villers subió a un avión dejando la Argentina con muchas dudas y una certeza en su corazón: definitivamente volvería a este país y no sólo de vacaciones. Nacida en Lyon, radicada en Paris y apasionada por el arte, esta mujer de rasgos delicados y reflexiones fuertes, no pudo acostumbrarse a la ciudad luz ni a su trabajo en la industria de la publicidad.
En el 2008 tomó la decisión de que aquel sería su último año en París y empezó a preguntarse: a dónde irse y a qué. La casa de Fleur era el refugio de encuentro entre amigos, donde las recetas familiares y la degustación de vinos eran protagonistas de las veladas. Esto disparó una respuesta, aunque inicialmente fuera una idea un tanto loca: dejar todo, venirse a Buenos Aires y abrir un restaurant. Y allí fue! Regresó, recorrió callecitas, conoció gente, y en la búsqueda del lugar donde emplazaría su sueño, una casona colonial se interpuso en el paso y la invitó a pasar amablemente. Una típica estructura palermitana, con un patio que recorre el lateral y una abertura majestuosa que lo separa de la galería. Fleur sintió la energía del hogar inmediatamente y supo que si ahí viviría contenta, era el lugar correcto para abrir su restaurant. Juntó su colección de fotografía que armó durante los viajes por Latinoamérica y la colgó en las paredes del salón. Transmitió las recetas familiares a Gonzalo Bello, un chef local que supo interpretar los pequeños detalles de la tradición y abrió las puertas de su nuevo refugio: La Maison. Así, esa invitación al disfrute que solía hacer a sus amigos en París, se trasladó a una calle de Palermo, y Fleur volvió a pronunciar: viens manger à la maison!
Pequeños sillones de madera oscura y almohadones blancos se dispersan en el patio, donde la entrada del sol propone un almuerzo al aire libre. Una enredadera joven se trepa en la pared y las ventanas se convierten en pizarras con frases amistosas que invitan a pasar. Velouté d’escargots (sopa de caracol) o huîtres chaudes (ostras calientes), son entradas que rememoran sus raíces, así como las gambas a la provençale o una deliciosa tarte tatin, ideal para calentar la panza y el corazón. Fleur remarca que aquí no existe el protocolo, en este lugar hay tiempo, uno puede relajarse y creer por un rato que se está en casa. La Maison es ciertamente un hogar, donde cada rincón manifiesta el alma sensible y viajera de Fleur, será por eso que la imagen de un caracol la identifica!
La Maison, Café de la Française
Honduras 5774 – Palermo
Abre de lunes a sábado, mediodía y noche

