En 1816, un médico francés llamado Francois Magendie comenzó a desarrollar una serie de experimentos que apuntaban a demostrar que había ‘algo’ en los alimentos que era imprescindible para los seres humanos.

En esa búsqueda, tomó tres grupos de perros a los que alimentó de distinta manera: al primero le dio leche y queso, al segundo aceites y al tercero harinas. Al poco tiempo observó que el grupo que sobrevivía era el alimentado con leche y queso, en cambio los otros dos grupos morían rápidamente. Sin saber muy bien de qué se trataba, afirmó: ‘hay algo en la leche y el queso que es determinante para sostener la vida’. En 1838 el investigador Berselus denominó ‘proteínas’ a ese ‘algo’, debido a que el término en griego significa ‘lo más importante’.

Recordando la historia y la importancia que tienen las proteínas en nuestra dieta, el médico nutricionista de la UBA, Martín Viñuales tuvo una idea: abrir un restaurant con una carta que favorezca el buen funcionamiento de nuestro metabolismo. Sumergido en el hollywood de Palermo, ante la mirada atenta de sus vecinos vegetarianos, abrió las puertas de Magendie y sentó a la mesa una nueva propuesta fundada en conocimiento científico.

Martín conoce el efecto que tiene sobre el cuerpo una dieta que excluye totalmente a la carne. Es por esto que su idea es conservar la costumbre alimenticia del paleolítico, aquella que desarrolló al genoma humano a través de la caza y la recolección, acercando al plato proteínas magras (carnes, huevos, leche) e hidratos de carbono (verduras, frutas, cereales), sin agregado de aceites modificados, excepto en algunos platos que contienen grasa, pero de buena calidad.
En la carta de Magendie se destacan los jugos naturales que combinan exquisitamente frutas y verduras de estación como el de manzana, pera y lechuga; las ensaladas como la de sticky rice, mango, palta, tomillo y salmón; las milanesas de peceto empanadas con sésamo y avena y el flan de naranjas, elaborado sin yemas. Para la hora del té, un Indian Market de la línea Tealosophy acompañado por una porción de cheesse cake, bendicen la tarde.

Martín invitó al arquitecto Juan Olivera para diseñar la estructura que albergaría el concepto y juntos decoraron con estilo inicialmente art deco para luego ir sumando objetos de familia, como algunos de los muebles rústicos y la colección de soperas.

Mesas de madera dispersas en un amplio salón, una especial con sillones cómodos y una pila de revistas de arte, la gran cocina a la vista y los ventanales que dejan entrar el sol se combinan en una cuadro cinematográfico y parisino. Dos mesadas con panadería y pâtisserie fresca, elaborada especialmente para el lugar sin conservantes ni aditivos, estimula el olfato entre panes de oliva, brownies y tarteletas. En un rincón, una habitación pequeña oficia de boutique donde alimentar la compra compulsiva de variados objetos de deseo como repasadores, manteles y bolsitas ecológicas y amorosas para ir al súper, de la línea Madre Selva. Además, hay productos envasados en el lugar como cacao amargo y chia, miel y yogurt con fermentación natural, entre otros varios de cooperativas familiares, otorgando al lugar el carácter de ‘almacén no industrializado’.

Un escalera conduce a un sótano que promete exposiciones de arte en los próximos meses…habrá que estar atentos.
Cada día, la esquina de Ravignani y Honduras recibe amigos, amantes y solitarios en compañía de una laptop que llegan en busca de la receta que alimenta el cuerpo y el espíritu de manera conciente, un cóctel protéico enmarcado en un ambiente que simula la calidez del hogar.

Magendie
Honduras 5900 – Palermo Hollywood
Lunes a viernes de 9 a 20 hs. Sábado, domingo y feriados de 10 a 20 hs.