El lenguaje es una de nuestras herramientas más poderosas. Nos gusta hablar, no hay dudas. Pero no sólo eso: hay palabras que nos enternecen y nos enamoran; palabras que nos inspiran pasión y fanatismo; palabras que nos dan ganas de repetirlas. En suma: palabras que no sólo queremos poder decir, sino también poder ver. Una de ellas es boutique, un término francés que ingresó en la lengua en el siglo XIII con la forma boticle, que significaba ‘taller’ y que se encontraba a asociado a las actividades artesanales.
El origen de la palabra, sin embargo, es griego -de la forma apothéke, que significa almacén- y desde entonces se asocia con una suerte de depósito en donde se almacenan provisiones de diversa naturaleza que luego se venden. Las boutiques francesas eran, inicialmente, tiendas dedicadas a diversos rubros, pero posteriormente se especializó la aplicación de la categoría a boutiques de moda, productos selectos y artículos de lujo, como la de Louis Vuitton o Chanel.
El término boutique es un préstamo lingüístico que conserva su forma francesa sin cambio en la grafía (al igual que otros como ballet, chic, dossier) y que hemos sabido adquirir e incorporar con amplia aceptación, a tal punto que hoy podemos disfrutar de boutiques especializadas en libros, accesorios, indumentaria, antigüedades. Y no olvidemos los hoteles, bodegas y restaurantes boutique, las peluquerías y los salones de belleza, las tiendas de dulces y pastelerías, todos ellos pequeños espacios que nos malcrían y nos hacen ver bien, sacian nuestros antojos o nos entregan al relax.
Al pensar en una boutique nuestra cabeza se puebla inmediatamente de recuerdos de infancia: la casa de muñecas, el alhajero de la abuela, las galletas caseras en tarros de vidrio, los vestidos de domingo y las fotos de playa. Imaginamos una tienda antigua con muñecas de porcelana, ropa con puntillas, floreros siempre llenos y tapizados con escenas de campo.
¿Y recuerdan el paragüero al lado de la puerta? ¿alguna vez imaginaron una boutique especializada en paraguas? Se la presentamos: se llama Paragüería Victor, tiene más de 5 décadas y está ubicada en el porteñísimo y tanguero barrio de Boedo. Atendida por sus dueños y con acento ibérico, esta original tienda fabrica y restaura paraguas, además de tener una exquisita variedad de tamaños, estampados y colores: para hombres, mujeres y niños, plegables, pequeños, pintados a mano, de 24 varillas, manuales, automáticos, temáticos (¡a no perderse los Tango!), de China y con vara de madera, entre otros. Además, en la Paragüería Victor es posible encontrar bastones, sombrillas y abanicos, accesorios chapados a la antigua y con mucho estilo. Al mal tiempo, un buen paraguas.
¡Cantemos bajo la lluvia! ¿Quién dijo que usar paraguas es anticuado? ¡Paragüería Victor esté en facebook y en Twitter.
Paragüería Victor
Lunes a Viernes de 9 a 13 y de 15 a 19. Sábados de 9 a 13.
Independencia 3701


