Si estás planeando un viaje a la ciudad luz, una forma atractiva y memorable de conocerla es a través de los ojos de quien supo vivirla apasionadamente: Julio Cortázar.

 

Gran referente de la literatura argentina, este escritor eligió vivir en Paris la segunda mitad de su vida. En contra del régimen de Perón y con una beca abandonó Buenos Aires para sumergirse en todos esos paisajes que inspiraron su emblemática ‘Rayuela’. Esta novela publicada en 1963 es una de las obras centrales del llamado ‘boom latinoamericano’ y a través de sus personajes entrañables Cortázar nos conduce por las callecitas parisinas mostrándonos la bohemia de los años 60. Por entonces Paris era una fiesta, y sus protagonistas, Oliveira y La Maga, sus dos anfitriones enamorados, que se buscan en torno a la rue Vaugirard y nos hacen creer que ahí siempre es de madrugada. Tomarse un vino en un cafecito de la rue Lombards a la orilla derecha del Pont des Arts, andar en bicicleta por Montparnasse, besarse junto a los barquitos del canal Saint Martin o caminar a la sombra de sus plátanos solemnes, son deseos automáticos después de leer la novela. Es necesario pasar por debajo de la Tour Saint Jacques para comprobar si su sombra es violeta, o caminar por la rue de Seine y asomarse al arco que da al Quai de Conti para ver si el color de la luz que flota sobre el rio es ‘ceniza y olivo’, como describen los ojos de Cortázar.

 

Para quien lleva Rayuela en su memoria, Paris es un territorio fantástico, un ovillo infinito de rincones surrealistas donde conviven el amor y las artes. Cualquier café del barrio latino es bueno para brindar en honor a Oliveira y La Maga, pero mejor sentarse en La Closerie des Lilas, Les Deux Magots o el Cafe de Flore e imaginar que Hemingway, Sartre y Simone de Beauvoir ocupan la mesa de al lado. Y si pasás por el boulevard Saint Germain, no olvides asomarte al viejo café Old Navy, quizás puedas verlo sentado junto a la ventana, con su abrigo largo y gastado, sus manos grandes y su mirada perdida, hundiéndose en su Paris, a la que alguna vez llamó ‘la mujer de mi vida’.

Hay dos formas de conocer Paris, o mejor dicho, hay dos ciudades diferentes, la real y la de Cortázar, la metafórica, la Paris de un sueño.

Un dato: si querés hacer un tour ‘Cortazariano’ por Paris, te sugerimos éste.

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